lunes, 30 de enero de 2012

Historias de la calle. Martín.

Martín entró en el bar con un maletín enorme de color negro lacado. Tenía bigote de morsa, la cara enrojecida continuamente y los ojos entrecerrados como si siempre estuviera esperando la señal para arremeter contra algo o alguien.
Ese día llevaba puesto un abrigo verde con cuello de pana y una boina a juego con ribetes de color marrón.
Posó la boina en la barra y pidió al camarero una pinta de vino mientras se giraba para averiguar si había alguien que pudiera aguantar sus quejas un rato. Porque Martín era así. Empezaba conversaciones sobre cualquier tema con el fin de acabar discutiendo con alguien y dejarle a la altura del betún.
Mientras, Tino, el camarero, le servía su pinta de vino en vaso de sidra, Martín posó su mirada en Adolfo, un hombre extremadamente delgado que siempre estaba fumando y jugando al mus.

-¿Cómo va Adolfo?
-Aquí Martín, como siempre.
-¿Tienes pensado votar esta vez?
-Habrá que… No sé, la verdad es que no lo sé.
-Ahora las encuestas están a tu favor. Dicen que esos fachas hijos de puta van a ganar esta vez.
-No empieces Martín que no tengo ganas de mambo.
-Eres tú el que se da por aludido. Yo sólo digo lo que hay. La culpa es de los putos socialistas, que tienen la mejor baza y no la saben jugar, joder.
-¿Cuál es esa mejor baza? No me dirás que las ideas de izquierdas, porque en este país eso se perdió hace mucho tiempo. Ahora lo que hay es un circo y en realidad han conseguido algo que querían desde hace mucho, que el que no los vota a ellos sea automáticamente considerado un facha de mierda. En este país no se puede pensar diferente.
-¿Cómo que no? ¿Te digo yo algo por esas ideas retrógradas que tienes sobre el aborto? Y otra cosa te voy a decir, eso sí que es de fachas. De fachas de mierda.
-Que sí Martín, que lo que tu digas.
-¿Qué dices del aborto tú Salva? – dijo Martín girándose hacia otro de los jugadores de mus que había en la mesa.
-Yo sólo pido que  no me cierren el bar, Martín. Eso y que mi hijo acabe la universidad.
-Lo de la universidad es otro tema. Tanto paripé y tanta educación para que luego nos salgan todos mileuristas. Tiene cojones. Gente que soluciona la vida presentándose a la 34 edición de Gran hermano y otros trabajando toda su vida para morirse debiendo una hipoteca al banco.
-Ahí te doy la razón, Martín- dijo Adolfo asintiendo con las cejas arqueadas.
-Y tú no te quedas corto, Adolfo. Parece mentira que tu padre fuese un minero sindicalista y que tú estés trabajando en una fábrica de mierda, en un turno de mierda y por un sueldo de mierda y todavía votes a la derecha. El partido de los ricos, hostia. Uno tiene que ser coherente con su condición. Si somos obreros, somos socialistas, me cago en ros.
-¿Y tú me lo dices? ¿En serio sigues pensando que eres socialista y que estás votando a un partido que te representa? Anda Martín, que aquí ya tenemos todos mucha letra. A todo el mundo se compra, hasta a esos sindicalistas, que hacen que mojes los calzoncillos cuando salen con sus fantásticos lemas. Pura propaganda. ¡Qué bien queda ser de izquierdas! ¡Qué bien queda tener al Che  por todas partes y decir “¡viva la libertad!”
¡Qué bien queda cagarse en Franco! Hombre por favor, la libertad no se defiende así Martín, la libertad se defiende tolerando, respetando la libertad de los demás.
Tanta democracia y tanta historia que defendéis y no sois capaces de soportar que se os critique o que no se esté de acuerdo con vosotros. Me río yo de vuestra democracia.
Martín se quedó mirando para Adolfo con un gesto de incredulidad total.
No concebía que alguien pudiese ser tan tonto y cabezota.
Echó un trago a su pinta de vino y anunció:
-En fin, me voy a mi casa que es la hora de comer y no tengo el cuerpo para discutir contigo más, Adolfo.
Dejó un billete de 5 euros sobre la barra y cogió su boina. Cuando ya abría la puerta para salir Adolfo le gritó:
-¡Martín, que te dejas el dichoso maletín! ¿Qué llevas ahí que no te separas de él ningún domingo?
Martín soltó la puerta y volvió a recogerlo mientras contestaba a Adolfo.
-Llevo la escopeta de caza, tú. Hoy me encabroné que dio gusto porque estos ecologistas de mierda ya están tocando los cojones. Quieren convertir el bosque donde voy en parte de una reserva. ¡Pse! Como si unos putos pájaros y unas lombrices fueran a cambiar el mundo por seguir vivos. Me cago en todos ellos, igual que me cago en los putos chinos, que no entienden lo que les digo y no me venden más que mierda.

martes, 24 de enero de 2012

Historias de la calle. 1936.

Lo cierto es que pensaba en ello a diario, pero nunca lo había mencionado. Lo consideraba como convivir con un perro viejo, que ya ni siquiera sale a recibirte, tan solo levanta su mirada hastiada hacia ti y lentamente la vuelve a bajar, para que te cerciores de que ya nada es lo que era.

Aquella mañana de domingo era parecida a todas las demás. Abrió los ojos y vio los rayos de sol que se filtraban a través de las persianas. Era un día de julio, cálido, que esperaba la llegada de su felicidad.

Escuchó el coche afuera y los secos golpes de las puertas al abrirse para volver a cerrarse. Se sonrió.

Súbitamente, sintió la corriente de aire frío que provocó la puerta al abrirse.

-¡Abuelo! ¿Todavía no te has levantado?

Era su nieta. El amor de su vida. Su niña. Perfecta, brillante. Alegría. Él mismo. Sus manos. Una mujer.

Se sentó al borde de la cama y le miró fijamente.

-Escucha abuelo… (Vacilando). ¿Me podrías contar algo sobre la guerra?

-¿Y qué puedes querer saber?- se incorporaba violentamente en la cama.

-Curiosidad, más allá de los “Episodios Nacionales”.
Anda, cuéntame lo que recuerdes. Podrías hablarme de tu familia, me he fijado que tienes una foto con tus cinco hermanos en la mesilla.

El hombre llevó la mirada hacia el mueble que tenía al lado de la cama. Se encontró una fotografía en blanco y negro, con ese marco blanco tan característico y llena de rayones y manchas. Manchas de pasado. 
En ella salían seis personas.

El hombre entrelazó sus manos ajadas; papel de periódico que se estremece; hojas secas.

-El del centro con pantalones cortos soy yo. A mi derecha están Martín y Luis, los mayores. A mi izquierda están Antonio, José Manuel y Carmen, la pequeña.

La chica examinó la fotografía detenidamente. Seis personas sonrientes a la sombra de un árbol.

-A Carmen y Martín los conocí, pero al resto no.

-Ya, eso es porque José Manuel y Luis murieron poco antes de que tú nacieras y Antonio murió durante la guerra.

De repente, recuerdos mezclados con miedo, culpabilidad, una sensación amarga en el paladar. Nunca había hablado de ello porque no sabía por dónde empezar, ni cómo terminar.

-Vivíamos en una casa de dos habitaciones (miraba al infinito, hacia su derecha). En una teníamos una cocina, que daba calor. Recuerdo el olor de mi madre y los rizos castaños que le caían por la espalda cuando la veía cocinar.
Todos dormíamos en la otra habitación. Veía a mi hermana secándose su melena y cepillándola y a mi hermano yéndose a trabajar con doce años a la mina. Con catorce empecé yo, llevando y trayendo cubos de agua y carbón.
No sé qué te puedo decir de la guerra… no tengo recuerdos históricos (hizo gesto de comillas). Yo recuerdo el hambre y el miedo. A veces pienso que los que son capaces de recordar son unos privilegiados. Cuando sientes con esa intensidad, luego no recuerdas, sino que vuelves a sentir de nuevo ¿entiendes? Es demasiado grande para guardarlo en un simple recuerdo, así que te quedas con la sensación exacta de un momento y lo revives.
Hambre y miedo. Correr hacia la trinchera cuando sonaba la sirena. La casa de mi tía derrumbada por segunda vez.

Se sonrió con nostalgia.

La niña le miraba fijamente. Su gesto envejecido, tierno, donde ninguna arruga sobraba. La marca que le había quedado entre los ojos de tanto llevar gafas. Su pelo blanco y grisáceo, fino como un hilo de seda. Una mancha en la frente, rojiza, de forma extraña.

El abuelo se despertó de sus pensamientos y miró a su nieta, deseando fervientemente que no le pasara nada malo jamás. Que no se perdiese nunca, que no se dejase. Que siempre se mantuviera como estaba ahora, en ese instante. Intentó retener esa imagen para siempre, fijarla en las pupilas y guiarla a través de su sangre por todo su cuerpo, por toda su alma.

-Sal de la habitación que me quiero vestir, anda.

Su nieta se incorporó y le sonrió. Le indicó que le esperaría para comer en el porche con todos. Hacía un día espléndido, luminoso y el perro estaba de buen humor.
Cuando salió de la habitación, el viejo hombre miró hacia la fotografía y se sentó sobre la cama, con los pies sobre la alfombra.

Miró a su alrededor, hacia las paredes con la pintura desconchada, cubiertas de retratos vacíos. Era una habitación marchita.

Miró otra vez su imagen. Antonio.
En realidad ya nada importaba, porque ese hombre ya no era él, apenas existía en los recuerdos. Por eso no hablaba de la muerte de Antonio. Por eso sólo mencionaba a su “pobre hermano que había muerto en la guerra”.
Apenas recordaba el momento en el que cuatro hombres armados le habían preguntado dónde se escondía su hermano y él había contestado. No conseguía recordar el odio que sentía, el rencor, la rabia contenida; ese disparo de viento. Las lágrimas de papá y mamá. Mis lágrimas.
Él mismo tratando de justificarse, tratando de encontrar una razón, por muy putrefacta que pudiera parecer su conciencia.
No quería recordar la forma en que Antonio le llamaba “canijo” cada vez que se cruzaban, su jersey de rayas azules, las ganas que tenía de tocar la guitarra, las revistas de chicas, las gomas de borrar que le hacía con miga de pan, su manera de sacudirse el pelo en un vano intento de domesticarlo. Sus manos.

Mientras todo esto asediaba su pecho, vio la imagen de su nieta y un torrente de pensamientos le invadió la mente.

“Aprende a pensar, a criticar. No permitas que vidas ajenas sean sacrificadas por un ideal, por muy noble que sea, aunque no te voy a decir qué hacer con tu propia vida, es tuya. No odies, no acumules rencor que después tengas que vomitar.
Es mejor tener ideas que tener una ideología, no confundas la lucha con la imposición, no defiendas la libertad con la sangre, no utilices a los demás. No hagas lo que yo hice. No hagas lo que yo hice.”


Abrió los ojos y miró la fotografía. Miró fijamente a su hermano y dirigiéndose a él, como si aquel trozo de papel fuese una permanencia de lo pasado, habló en voz alta:

-La libertad es un instrumento de guerra. Yo he estado encarcelado toda mi vida, pero ya no me atormenta, porque ya no quiero ser libre.

jueves, 19 de enero de 2012

Historias de la calle. Pablo.

Pablo se sentó y comenzó a hablar automáticamente.

- Lo que me reconcome es que nadie sea capaz de entender lo que intento decir. No me gusta esta vida, no me gusta esta sociedad. Cuando era niño veía pintadas por ahí que ponían “el sistema está roto”  y no las comprendía, pero ahora sí que lo entiendo. Ahora lo veo todo claro. 
Se quedó pensando y continuó.
 Acabé el colegio, me matriculé en la universidad. Sólo deseaba ser licenciado, aunque ni yo mismo sabía exactamente por qué.
Bien, acabé la universidad y me pasé cinco años más de mi vida formándome. Aprendí inglés y francés. Hice dos masters y oposité. Y aquí me tienes, ahora todos los días me levanto a las siete de la mañana para ir a la oficina de un banco, o entidad de crédito, como usted prefiera. Tengo que despachar a personas continuamente. Pero lo peor no es eso, lo peor es cuando te llega un hombre que no puede pagar los recibos porque le acaban de jubilar con la pensión mínima. Entonces es cuando tú le preguntas si no se hizo un plan de pensiones y él te mira cómo si no entendiera nada. Esa es la mirada más triste que existe.
También te puedes encontrar con algún capullo que quiere pedirte un crédito para comprarse el mejor coche y fardar por ahí con él, o para pagarle alguna operación de estética a su mujer, que si no lo hace puede ser que ella coja la puerta y le abandone.
No sé.
Y no se lo pierda, porque la última novedad de nuestro banco son las hipotecas a 75 años. Esto lo que quiere decir es que te hipotecas con 30 años, pagas hasta los 80 si es que la porquería que comemos y respiramos no te mata antes y aún queda por pagar. Pero estése tranquilo, porque sus hijos terminarán de pagarlo todo. Ahora ya no se lleva lo de “vas a ser el más rico del cementerio”, ahora la moda será “serás el menos endeudado del cementerio”.
Todo se está echando a perder.
¿Y el arte? ¿Sabe que he visto hace bien poco? Un pintor con un talento fuera de lo normal que se dedica a hacer copias en el Museo del Prado para los turistas. Cuando le pregunté que por qué se dedicaba a eso, me respondió que no había sido capaz de encontrar público, ni una triste galería le había prestado atención. Pero luego te vas a Londres de vacaciones y una de las visitas obligadas es la Tate Modern Gallery, un sitio donde hay de todo menos arte, señor mío. Pero por dios, ¡que había hasta una furgoneta expuesta!

Pablo paró de hablar para encenderse un cigarrillo.

- Los ecologistas, los “verdes”. Yo soy muy ecologista, sí señor, pero tengo un coche para ir hasta el súper porque el metro no me gusta. También tengo calefacción a 21 grados durante los seis meses que dura mi invierno y por supuesto tengo una chinchilla, una pitón y una iguana de mascotas. Ya sabe, quieren mucho a los animales.
Los animales… alguna vez me he preguntado si yo sería capaz de matar a una foca a palos ¿sabe? Pero creo que no. Para mi lo más valioso que tenemos es la propia vida y no entiendo por qué hay gente tan egoísta de luchar contra la pena de muerte en California y desatenderse de esas criaturas. Esas focas también ponen esa mirada, la de no entender nada. Es la mirada más triste que existe.
Ahora también está de moda lo trascendental. Todos vamos a meditar, a hacer yoga, a todos nos va mucho ese rollo de la reflexión, pero la mitad de la gente tiene la corteza cerebral lisa. No me malinterprete, no voy de genio ni de iluminado. Lo único que digo es que la mayoría de la gente que anda por ahí nunca ha leído un libro, ni tan siquiera se ha molestado en preguntar a los demás qué es lo que piensan. Creen que ya saben todas esas cosas entrando en su Facebook.

Pablo echó una calada al cigarrillo y miró por la ventana.

-¿Aquí se puede fumar? Porque tal vez también esté prohibido aquí.

Se rió entre dientes y siguió.

- Eso sí que es gracioso. No comemos más que porquería manipulada en laboratorios, bebemos agua hasta arriba de productos que no sabemos ni lo que son, envenenamos el aire con los coches y las fábricas, pero no podemos fumar, porque “fumar puede matar”.
Eso sí, mientras los impuestos sobre el tabaco sigan siendo como son que no se ilegalice. Es todo fenomenal.
Los políticos… no quiero ni hablar de ellos, fíjese lo que le digo. Me enervan todos ellos, los de izquierda, los de derecha, los de centro y los de más pa´ca que pa´llá.
¡Ojo! Porque no me refiero a que todos sean unos mentirosos y unos ladrones, sino al hecho de que son idiotas. Todos idiotas. Si al menos fuesen un poco inteligentes se les podría consentir que robasen.
Todo esto que le estoy contando a usted se lo conté también a un psicólogo que a su vez me derivó a un psiquiatra. Recuerdo que ni siquiera me escucharon, ni siquiera lo fingieron ¿sabe? Me dieron ansiolíticos y antidepresivos. Empezaron a hablarme de algo llamado anhedonia, que por lo visto es un síntoma de la depresión. Es cuando se te quitan las ganas de vivir.
Yo me estaba volviendo loco, no es que no tenga ganas de vivir sino que no tengo ganas de vivir de esta manera y eso me frustra porque parece que no se puede luchar contra toda esta rueda gigante. Como esa pobre gente que vive drogada todo el santo día y sus familias pensando que están enfermas. Los enfermos son los propios médicos, que no sobrevivirían sin una empresa farmacéutica detrás.
No sé si es el capitalismo, la globalización, el hambre, la pobreza, las guerras, la contaminación, el cambio climático, las redes sociales, las inmobiliarias…
No sé qué es pero no hago más que pensar en cómo puedo librarme de ello. También me gustaría librar a mis hijos, si es que algún día me decido a tenerlos.
No sé qué quiero exactamente, pero sé lo que no quiero y desde luego que no me apetece morirme debiéndole dinero al banco o entidad de crédito.
Tal vez me gustaría conocer el mundo y a las personas. Me encanta la historia de las personas, ¿a usted no? Por ahí hay gente realmente interesante.
Quizás viajar, leer y tratar de comprender todo lo que pueda.
No se trata de comprender teoremas matemáticos, ni de ponerse a pensar sobre el sentido de la vida; se trata de intentar comprender la esencia y este mundo en general. Mejor dicho, este montaje que nos han hecho.
Una vez leí una frase que decía “no hay nadie más esclavo que aquel que se siente libre sin serlo” y creo que ese hombre sí que sabía de lo que hablaba.

Mire, yo no sabré decirle en qué consiste exactamente la libertad pero desde luego sé que yo no soy libre. Aunque prefiero no considerarme un alma atormentada, porque eso tampoco tendría mucho sentido.

Igual que si hablo de la religión. Una vez escuché que no es adecuado hablar de religión porque nunca se sabe a quién puedes ofender. Yo no critico en absoluto la fe, es más, me parece un don para quien la tiene. Pero póngase a pensar en toda esa gente que dice ser católica apostólica y romana, por decir algo y luego son lo peor que se ha visto. Eso sí, todos los domingos a misa, que si no el Señor se enfada.

Pablo sacó un papelito que llevaba en su cartera con una frase escrita por él mismo años atrás.

- En la universidad yo era muy idealista ¿sabe? Yo era de los que creía que se podía luchar y que merecía la pena intentar cambiar las cosas. Solía llamar cínicos a todos los adultos, pero ahora ya no sé qué pensar. Seguramente muchos de aquellos adultos habían sido como yo en su día y por tanto muchos de los jóvenes idealistas de hoy me llamarán cínico a mí. Si es que aún queda idealismo claro, cosa que dudo. Yo me conformaría con que mi hijo supiese leer y cuándo se escribe “g” y cuándo “j”.
Qué tristeza.
Sólo tiene que fijarse un poco para ver que yo también tengo esa mirada, la de no entender nada. Llevo dando vueltas a todo toda mi vida, pensando en por qué y en cómo y aún sigo con esa maldita mirada. Es la mirada más triste que existe.

De repente, una voz que hablaba por megafonía interrumpió a Pablo.

-“Pasajeros del vuelo 760 diríjanse a la puerta 3 para embarcar, por favor”.
- Ese es mi vuelo.-dijo Pablo mientras se levantaba y agarraba su maleta.
 Extendió la mano hacia la persona que había estado sentada a su lado todo el tiempo y dijo:
- Me ha encantado hablar con usted. Que tenga un buen viaje.
Se puso su abrigo y recordó que aún conservaba en la mano el papelito de la cartera. Lo hizo una bola y lo tiró al suelo mientras se alejaba y sacaba su billete.

El hombre que había estado sentado a su lado se levantó y se dirigió a la tienda más próxima para comprar algo y hacer tiempo.
Una mujer que había estado sentada justo detrás de Pablo y había escuchado todo se levantó y recogió el papel.

"Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado, exprimido, apurado, ley para la que no hemos sido educados, sino hechos; y en la que no hemos sido instruidos, sino empapados".


Cicerón.

miércoles, 4 de enero de 2012

Mientocracia.

Nos habéis traicionado.

Nos habéis traicionado vendiéndonos un sistema que es un lobo con piel de cordero.

Nos traicionáis cuando nosotros os hemos elegido para representarnos y ampararnos y el amiguismo y la mentira se erigen como constantes.
Nos traicionáis cuando nos vendéis un sistema de sanidad universal y gratuito, una educación pública con un acceso en igualdad de condiciones, una redistribución de riqueza a través de una progresividad impositiva que no existe, cuando no perseguís el fraude fiscal porque elegís el camino de los recortes.
Nos traicionáis cuando no nos decís la verdad. Cuando no nos contáis que una Comunidad como Valencia va a ser rescatada con fondos procedentes del FROB (http://es.wikipedia.org/wiki/Fondo_de_reestructuración_ordenada_bancaria#Fondos), que no es más que otro organismo con cargo a los presupuestos para la “reestructuración bancaria”, es decir, más dinero para salvaguardar a la banca, que no es más que la principal responsable del lugar donde ahora nos encontramos. Eso sin contar con que esta comunidad se niega a cobrar el Impuesto sobre el Patrimonio, otra manera más de negar la redistribución de la riqueza.

También lo hacéis al guiaros por los intereses, y muchas veces de índole económica, en lugar de hacerlo por la vocación y la confianza de servir al pueblo que os la ha dado.
Cuando nos contáis que existe la separación de poderes y, sin embargo, los jueces y magistrados superiores (como los del Tribunal Supremo o el Constitucional), son elegidos a dedo por el Gobierno que esté en la palestra.
No nos digáis que la independencia del Poder Judicial está garantizada mediante el Consejo General del Poder Judicial, cuando todos sabemos que dicho órgano también es instituido por quien se encuentre en el poder.

Nos traicionáis al hablar de la Constitución en términos de norma suprema votada en referéndum por todos los españoles y luego reformada sin una mínima consulta.
Cuando apeláis a los principios de nuestro sistema, inamovibles e inviolables, protectores de los débiles.
No somos tontos, no nos vendan que dar dinero a entidades bancarias es progreso, mientras familias enteras se quedan sin techo.
A mi que no hablen de “recargos solidarios”, mientras que además, en ciertos lugares, también he de pagar por la asistencia sanitaria que era pública, gratuita y universal.

No ocultéis la verdad, que lo que interesa es que esas entidades bancarias sigan adelante, que el ciudadano no es tal, que lo ven como una molestia, que al que molesta, se le calla, o se le tilda de “perroflauta”; que los principales medios están al servicio del sectarismo y no de la información, que prefieren congelar pensiones y bajar salarios mínimos, antes que empezar a recortar por arriba e impedir que, ciertos personajes, tengan sueldos millonarios procedentes de bancos, además de pensiones vitalicias por haber estado en el congreso.

Cuando afirmáis, orgullos y con el pecho henchido, que éste es un Estado laico, pero no recortáis en religión, pero sí en ciencia y elimináis el programa del VIH, que los enfermos no nos salen tan rentables, así que mejor que recen.

Y la educación tampoco se salva, no. Los préstamos para cursar másters (préstamos, que no becas y que, por tanto, serán reintegrados al Estado), se han reducido en más de la mitad. Porque la educación es una inversión, sí, pero que tampoco es rentable a corto plazo.

Pero, lo peor de todo, es que os traicionáis a vosotros mismos, que habéis nacido igual que nosotros, que estáis donde estáis gracias a nosotros y éste es el panorama que nos vendéis como válido y único. Pero, ojo, no escupan para arriba, porque éste es el mundo que también heredarán vuestos hijos, porque es de todos, no es vuestro y cuanto más alto se sube, más dura será la caída.

lunes, 2 de enero de 2012

De cómo saltó en mi el chip "Se ríen de nosotros".

Hoy me gustaría dejar aquí constancia de una experiencia personal que, considero, me ha cambiado por completo y que otros muchos están viviendo en este mismo momento.

Cuando tenía unos 15 años comencé a interesarme por lo que pasaba en el mundo. Veía las noticias de vez en cuando, leía ciertas cosas que me despertaban el interés y aún recuerdo lo expectantes que estábamos todos en aquel curso de 4º de ESO durante las elecciones de 2004, justo después del 11 de Marzo.

Cuando empecé Bachiller, me decidí por ciencias sociales, humanidades no tenía salida y demás historias y circunstancias que todos conocemos.
Pues bien, en ese Bachiller todos tenemos como asignatura obligatoria Economía. 
Desde el primer día, empezamos a dar cómo hacer balances, cuentas de gastos, calcular beneficios y un largo etc. 
Nunca dimos historia de la economía, ni tampoco nos explicaron las alternativas o sistemas económicos básicos que han existido históricamente. 
Si he de decir la verdad, en aquel momento ni siquiera me di cuenta; Para mi la realidad era una, la que tenía delante, la que me habían vendido sin yo saberlo.

Llegué a la universidad y me decidí por Derecho. A día de hoy me quedan unos meses para terminar y ser licenciada, pero ¿qué he aprendido? ¿Qué he hecho estos años?
Básicamente he memorizado leyes que ya están escritas. He tenido asignaturas de economía, sí, pero ninguna hablándome de historia, sólo de fórmulas con más letras que números. He tenido que tragarme las normas que rigen en la bolsa y los mercados, pero sin profundizar en qué hostias son exactamente.

Aquí es cuando me pica la curiosidad y empiezo a leer ciertas cosas por mi cuenta, a informarme. Nace entonces algo llamado 15M o "indignados". Voy a asambleas y a manifestaciones convocadas en mi ciudad y descubro a una cantidad considerable de gente con las mismas inquietudes que las mías. 
Se tocan temas como la globalización, el capitalismo salvaje, la banca, "los mercados" y una posible revolución, pensamiento alternativo o cómo os guste llamarlo.

A partir de ahí la maquinaria se activa y empiezo a querer participar de manera efectiva y a empaparme de toda la información a la que tengo acceso. 
La peor parte, podría ser que la indignación y rabia que uno siente es aún mayor cuanto más conoce, pero tambíen aumentan las ganas de hacer algo al respecto.

No creo que me haya convertido en una intelectual en absoluto, ni en un mesías, pero sí considero que soy una parte más de toda la sociedad dispuesta a intentar mejorar las cosas.
Lo que vi fue mierda acumulada, fundamentalmente. Separación de poderes inexistente, desigualdad cada vez mayor entre clases, dominio de la banca a través de los títeregobiernos, salarios y pensiones mínimos, que no máximos, 11.000 deshaucios, y así. 

A día de hoy tengo una tormenta de ideas en la cabeza, tengo muchísimos pensamientos y muchas veces no sé cómo encauzarlos para que sean prácticos. Procuro ir buscando otras opciones y leer en todo lo posible y he de decir, que la mayor sorpresa me la llevé con autores como Galeano, o leyendo el maldito "Manifiesto Comunista", y digo maldito porque, en cuanto se nombra, las miradas acusadoras proliferan como por esporas. Son los malos, los de la caza de brujas, los rojos. 
Pues, señores, yo les digo desde aquí, que el comunismo ni es una quimera, ni es Stalin, ni lo uno, ni lo otro. Y no, no es una falacia, por mucho que hayan intentado transformarlo en esa leña desde su madera original.

Sin ánimo de adoctrinamiento, sólo con el de dejar mi pequeña historia aquí y animar a los demás a que hagan su propio descubrimiento de la realidad, que no es sólo una, que no todo se compra y se vende, que sí se puede ir más allá.

Por último, para no ser ya una pesadilla para el que lea esto, me gustaría dejar un extracto de una carta que tuve la oportunidad de leer y que, creo, expresa muy bien las ideas que se me vienen a la cabeza.

El Manifiesto de los Iguales, J.N.Babeuf.

...Desde tiempo inmemorial se nos dice con hipocresía "los hombres son creados iguales" y desde tiempos inmemoriales la más monstruosa desigualdad pesa sobre el género humano... La igualdad nunca ha sido más que una bella ficción de ley. Legisladores, ricos propietarios, gobernantes, escuchadnos:

Nosotros pretendemos de ahora en adelante vivir y morir iguales; tal y como hemos nacidos; nosotros queremos la igualdad real o la muerte.

La revolución francesa no es más que el principio de otra revolución mucho más grande, más solemne y que será la última.

No queremos sólo la igualdad escrita en los derechos del hombre, la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas. Estamos dispuestos a todo para obtenerla; por ella, estamos dispuestos a hacer tabla rasa.

Que no haya otra diferencia entre nosotros que la de la edad y el sexo, todos tenemos las mismas necesidades y las mismas facultades; que haya una misma educación para todos y una misma alimentación. Sólo hay un sol y un aire para todos. 

Pueblo: abre los ojos y el corazón a la plenitud de la felicidad y reconoce y proclama con nosotros la república de los iguales.


martes, 27 de diciembre de 2011

"La homosexualidad se cura", dijo un predicador.

Hoy no iba a escribir, no lo tenía pensado. Sin embargo, quién lo iba a decir, he encontrado la inspiración en el fabuloso centro comercial estiloisabelpreysler "El Corte Inglés".

Esta gran superficie ha sacado a la venta un libro sobre cómo curar la homosexualidad. Ojo, que no son los únicos, también debemos meter en el saco a otros "grandes" como Amazon.

Todo esto ha surgido porque he visto comentarios, no ya sólo a favor de la posibilidad de considerar la homosexualidad como una enfermedad, sino que también los he visto amparando esta publicación en el derecho a la libertad de expresión.

Pues bien, amigos y amigas, sobre el derecho de expresión ya hay muchísima letra escrita que yo, muy posiblemente, no puedo completar en gran medida; Pero, lo que se me ha venido a la cabeza, son esas personas (algunos de ellos aún niños), a los que se les coarta su libertad y también su autoestima con este tipo de acciones, que al final lo  único que buscan es el dinero, contante y sonante.

Me pongo en la situación de una persona homosexual. Es muy posible que, gracias a los mierdatópicos de siempre y a unos cuantas personas que se hayan cruzado en mi vida (pudiendo incluir familiares), me haya sentido una mierda, una persona que debía cambiar, luchar contra sí misma, contra lo que es.
Pongámonos en el caso de que vencí esa batalla contra mi misma, primero, y luego contra "esa" parte de la sociedad, echándole un par de cojones y teniendo valor, hasta que, un buen día, me voy de compras y veo un libro con consejos llenos de cómo curar la homosexualidad, es decir, mi enfermedad. Me cago en todo lo cagable, empezando por el autor y los editores, y es posible que, a continuación, pueda volver a atacarme aquél antiguo sentimiento de inferioridad, de deber cambiar, de ser algo "anormal".

Intento hacer caso omiso del tema, seguir con mi vida tranquilamente, porque todos tenemos derecho a elegir nuestro camino, al menos aparentemente. Pero, el problema vendría si no consigo hacer caso omiso, si las dudas vuelven y me vuelvo a sentir como una mierda otra vez.

Creo que este tema se merece un par de vueltas en nuestras cabezas, si no es mucho pedir, claro.

Este tipo de detalles, incluyendo la famosa lucha de algunos sectores para que al matrimonio homosexual no se le llame de esta manera, me llevan a pensar en la cantidad de tiempo libre que tiene alguna gente (por no llamarlo de otra forma).

Como dato, sólo diré que la palabra "matrimonio", de procedencia latina, se acuñó en Roma mucho antes de la aparición y dominio del cristianismo para denominar las uniones de las parejas de clase privilegiada, ya que, casándose, aseguraban poder decidir sobre el reparte de su herencia, entre otras cosas.
En Roma, el matrimonio ni siquiera estaba basado en el amor, ni siquiera la familia se definía sobre los lazos de sangre, como ocurre hoy en día, sino que hacía referencia a una institución de unión entre sus miembros a través del poder de una única persona, el "pater", que no era necesariamente el padre biológico de los descendientes.

¿No se le puede llamar matrimonio por ser este una institución religiosa? No.
¿Debe influir la religión de esta sangrante manera en un  Estado laico, como es España? No.
¿Deberíamos recordar más a menudo que detrás de todas estas cuestiones tan sumamente cruciales que nos plantean ciertas instituciones, hay personas, seres humanos? Sí.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Deshaucio, con h intercalada, de hipoteca.

Que sobre la crisis ya está todo dicho y, qué cojones, yo no había empezado esto ni para mis reivindaciones, ni para mis quejas inproductivas e incesantes, pero oye, es lo que hay.

Sobre el tema del origen de la crisis voy a contar muy poquito y lo más sencillo que pueda.
Bien, pues la historia empieza con familias que necesitaban/querían créditos para comprarse una casa donde poder juntos vivir, un coche, irse de vacaciones... Era entonces cuando acudían al banco, enseñando su (muchas veces) demasiado baja nómina al banquero, para que éste, que se supone es el especialista, les dijera si podían optar o no a dicho crédito.
El problema empezó cuando todos esos "especialistas" otorgaban créditos a diestro y siniestro, sin ninguna garantía de que fuesen a ser cobrados. Y ¿esto por qué? Pues simplemente, porque, tras otorgar dichos créditos (que es lo que ellos llaman "activos"), iban muy contentos a las famosas agencias de calificación

Las agencias de calificación son los profesores de los mercados. Lo que hacen es puntuar esos activos (que no son más que aquellos préstamos a las familias que habíamos comentado), según la probabilidad que tengan de ser cobrados. Teniendo esto en cuenta, la máxima puntuación (AAA), quiere decir que tienes entre manos una inversión segura, ya que el cobro de ese préstamo con sus intereses es segurísimo.

Si las agencias de calificación hiciesen su trabajo de una forma honesta, o se hiciesen responsables, no hubiese habido ningún problema.
Sin embargo, esto no fue posible, ya que los bancos, sobornaban a estas agencias para obtener la máxima puntuación en estos préstamos. ¿Por qué? Pues porque, a mayor calificación, más probabilidades de endosárselo a otro banco, y por un mayor precio, claro está.

Todo esto se sostuvo durante un tiempo, pero terminó llegando el momento en el que los bancos que habían comprado aquellos préstamos con la máxima calificación, se encontraron con que dicha puntuación era falsa, y con que ya no podían vendérselos a otros. Lo único que les quedaba era esperar al cobro, pero aquellas pequeñas familias se encontraban asfixiadas y no podían afrontarlo, por lo que los bancos optaron por el embargo de sus viviendas, encontrándose con una cantidad enorme de inmuebles más difíciles de vender que encontrar vida inteligente en Sálvame.

Y esa es, más o menos, cómo llegamos hasta aquí.

Bien, pues lo que más me joderrepatea de toda esta mierda acumulada, son los deshaucios.
Voy a decirlo lo más simple y llanamente que pueda:
La hipoteca en lo que consiste, es en que tú garantizas mediante LO HIPOTECADO una deuda con el banco. Con esto quiero decir que lo correcto, sería que, una vez que se dejasen de pagar durante x tiempo los plazos de la hipoteca, el banco debería tener derecho a embargar única y exclusivamente LO HIPOTECADO, es decir, la casa, la finca, o lo que quiera que sea.
Este sistema es la famosa dación en pago, que se aplica ya en otros sitios, pero en España no (y no sé por qué, pero no me sorprende).
En España tenemos que soportar que, una vez desalojados de la que era nuestra casa, sigamos debiendo dinero al banco y que, por tanto, nos puedan embargar buena parte de nuestro sueldo, los muebles, otros inmuebes y demás.

Y así es como hemos llegado a que, entre julio y septiembre, se haya desalojado a 10.869 familias.